31.12.16

de una parte de 016





salen los últimos meses. Desde septiembre. Un año dentro de otro. En este final del año uno: vi y leí cosas preciosas que se van a quedar como pliegue completo de los dos. Querría acordarme de cuatro: Xenia Rubinos en la Moby Dick un jueves noche; La petite morte, Le Parody beats y las Pieles en Vaciador un domingo tarde noche; Israel Galván en Teatros del Canal un sábado noche; y Black Out de María Moreno muchas noches hasta bien tarde. Black out es un libro que hace crónica, ensayo y narración de partes de vida de la escritora María Moreno. Es un libro de escritora, de hecho. De autoría. El hilo conductor de todas las partes es el alcohol. La cultura del alcohol y la cultura de la literatura en el Buenos Aires de los 60, 70, ... y hasta dosmiles, si es que queda algo de eso. Si es que queda algo de eso queda en el libro de Moreno. Beber, oler, discutir, perder, errar, hablar y escuchar, a partes no proporcionadas. Del libro sobre todo me gusta la Verdad, sea lo que sea. Había descubierto a María Moreno en esta conferencia increíble que dio en la apertura del FILBA, tras una mesa redonda sobre el cuerpo donde nadie puso tal cosa. Nadie se la jugó y eso me enfada. Escribir como manera de leer, escribir y vivir; vivir como manera de escribir, leer y vivir; etc. Ya no hay tantas escritoras que integren las tres partes, pero es una tradición imprescindible, me parece. Xenia Rubinos me flasheó. Había ido a ver tocar a Le Parody un jueves cualquiera a la Moby Dick y me encontré con un concierto lujosísimo. Rubinos integra todas las músicas negras, que son las mejores, el jazz, el soul, el funk, el rnb, el hip hop. Su performance es muy generosa. Me pareció la Billie Holiday de hoy. Recuerdo la primera canción: su voz duraba tanto haciendo la palabra que dice "yo" que te absorbía adentro de su canción, pero es que además ella mientras nos miraba a los ojos y sonreía. Bajó a bailar con nosotrxs varias veces. Fue hermoso. En el culto de Vaciador una bola de sonido desinteresado, intenso, desviado, nos envolvió a lxs veinte que allí estábamos. La noche antes habíamos ido a ver a Israel Galván hacer La edad de oro, no sé en qué punto de variación respecto de la primera versión, que es de hace años. El humor y el detalle. El archivo de detalles. Cuando parecía que no se podía sacar más oro de unos movimientos, más oro venía en forma de gestos, de curvas, de detalles. Recuerdo que pensé que quería guardarme algunos en la memoria, pero que no me veía capaz de hacerlo. Más bien recordaría la sensación, pensé. Me pregunté: ¿cómo se recuerda un baile? En estas llegó diciembre. En diciembre me puse a recordar el año otro, que no era uno, anterior a septiembre, y hasta años precedentes, pasados, remotos. También me puse a releer mis libros preferidos de poesía, para escribir más poesía. Recordar, releer, reescribir. Creo que unx poeta como mucho añade unos versitos más al gran corpus de versos de la poesía y casi que copia todo lo demás. Me gusta cómo Berrigan retoma versos suyos de vez en cuando. No sé si fueron primero sus Sonnets o sus poemas no Sonnets, pero cuando me encuentro con los versos de los Sonnets todo a lo largo de la obra completa me alegro mucho. Me alegro sobre todo de reconocerlos. De reconocernos. Puede que ésa sea otra de las funciones del verso: ser reconocido, reconocer. Todos necesitamos alguna clase de estribillo para la vida. Los estribillos de la poesía tienden a ser densos y enrevesados, pero es que vida y escritura lo son todo el rato. Este año voy a trabajar con versos, pedazos, trozos, trocitos, pasta base limón una cuchara (metafóricas); a ver qué condensa, a ver cómo sube. También tengo ganas de hacer memoria de los años, pero no necesariamente unas memorias. Sí una escritura. Argentina me dio más ganas de escribir que nunca. Madriz también, pero madriz es menos escritora, es más artes vivas. Eché mucho de menos este año uno, pero qué bueno. Indica una viveza. Eso sí lo quiero.