15.9.15

de un documental y un texto de preciado





el otro día de casualidad vi un documental muy interesante sobre "Los orígenes del SIDA". El documental reconstruye la investigación de varias personas del mundo de la medicina, la ingenieria genética, la biología, la antropología y la historia para descubrir dónde, cuándo y cómo apareció el VIH. Los investigadores principales coincidían en que una arqueología del virus podía ayudar a comprender el funcionamiento de las pandemias por venir. Es un documental producido antes de la epidemia del ébola. Lo que a mí más me sorprendió es la más que plausible vinculación de la extensión del virus con el apogeo del expolio colonial en África a comienzos del siglo XX. Según ellos, el virus saltó del chimpancé al ser humano en una zona selvática de Camerún, pero su extensión pandémica hacia el Congo se debió a las rutas de porteadores humanos esclavizados por las corporaciones coloniales. El desorden venéreo de la vida en el camino, la sífilis traída de Europa por los colonos y la gestión sanitaria que los belgas hicieron de la enfermedad del sueño con que la mosca tsé tsé infectó a sus máquinas humanas de trabajo, fueron los canales de multiplicación exponencial. Hacia los años 60 ya había casos de SIDA en el Congo no documentados como tal. Cuando la epidemia estalla entre los hombres blancos homosexuales de Estados Unidos este rastro resulta totalmente invisible, de manera que la enfermedad es leída en términos homófobos durante bastante tiempo. Precisamente es esta lectura lo que más me impresiona: que en el origen de lo que pudo ser percibido como "castigo divino" a los promiscuos que osaban cuestionar el orden moral y reproductivo del patriarcado en vez de un dios hay una corporación colonial que convierte a seres humanos en esclavos, los arranca de sus casas, los pone en camino lejos, los viola, los roba, los curan en masa sin atender a las especificidades antropológicas de la enfermedad que ella misma está generando y para cuando la enfermedad colonial capitalista toma los cuerpos de los que viven más o menos al margen de ella en la metrópoli todavía osa culparles por sus pecados. Me impresionó ver, pues, con nitidez, que los pecados son el invento de ocultación con que el dios malo comete su dominio. El VIH como una arqueología del siglo y su mal amor como una enfermedad del capitalismo. Me recordó mucho a ese texto tan importante que publicó Paul B. Preciado el año pasado en El Estado Mental, El feminismo no es un humanismo

... Las primeras máquinas de la revolución industrial no fueron ni la máquina de vapor, ni la imprenta, ni la guillotina, sino el trabajador esclavo de la plantación, la trabajadora sexual y reproductiva y el animal. Las primeras máquinas de la revolución industrial fueron máquinas vivas. El humanismo inventa otro cuerpo al que llama humano: un cuerpo soberano, blanco, heterosexual, sano, seminal. Un cuerpo estratificado y lleno de órganos, lleno de capital, cuyos gestos están cronometrados y cuyos deseos son el efecto de una tecnología necropolítica del placer. Libertad, fraternidad, igualdad. El animalismo desvela las raíces coloniales y patriarcales de los principios universales del humanismo europeo. El régimen de la esclavitud y después el del salario aparecen como el fundamento de la “libertad” de los hombres modernos; la guerra, la competencia y la rivalidad son los operadores de la fraternidad; y la expropiación y la segmentación de la vida y del conocimiento el reverso de la igualdad...