25.12.13

limaq oct 013 notas



todos los postes de luz en el mismo cerro. Línea-de-cielo de postes- de-luz. Junto a ellos hay una cruz construida de postes de luz, una cruz iluminada que de noche desde lejos del cerro parece que flotara - en recuerdo, alguien me dijo, de los años en que Sendero Luminoso dejaba sin luz artificial (pero con luz de brasas la hoz y el martillo iluminando) a la ciudad entera. Al lado de la cruz hay un santuario con una virgen en alto y al pie un patio de rezos ---- a un lado y al otro del alto, el océano Pacífico
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fui al Rimaq para ver el río que daba nombre a la ciudad pero estaba en obras. Y seco. Un río en obras. Nadie a quien pregunté hablaba bien de él, le decían feo y sucio. Pobrecito río

paseíto por el Xino de Capón ,,      la cumbia no sale


el mercado de pescado y marisquería de Chorrillos

y el mercado de todo, el Mercado del Todo, famoso por su planta de audiovisual pirata, pero también por maletas, guantes de boxeo, piezas que te faltan, fantasía de mercadería, todo lo que, todo lo más, y además, su nombre, Polvos Azules - Polvos Azules nombre de fantasía comparable en preciosidad a Los Encantos, Maravillas, Chopo, Hatuchay, Tepito, el de las Pulgas, el Rastro, o Chatuchak. También el "de la Victoria" como nombre de un mercado o de cualquier lugar que no sea de lo que se indica (de victorias); sino de otra clase (de tesoros) me gusta mucho

una noche en Koca Kinto escuché la maravilla de JGRUU, HIPNOS MÉDULA y JARDÍN, antes justo de que despegaran hacia madrid. Encontré a alguien que también la quería mucho a madrid. Bailé con desconocidos a quien conocí sin saber su nombre y se hizo de mañana varias veces en varios parajes: una calle un taxi un acantilado. Fue muy bonito. Otra fui a buscar unos pasos perdidos de Lemebel en San Martín, un show, una carrera de colectiveros, algo que. Y también fue muy bonito. Y aún hubo tiempo para dos recitales, un taller, varias fantásticas comidas; y re/conocer a gente de lujo como Selva, Claudia, Milton y Gustavo. Y re/conocer a quien me invitó, tan generoso, el editor Arturo Higa.